"Lo reconoció nada mas verlo aparecer al abrir la puerta, era él, en sus ojos se veian los años de intensa lucha, con una mirada pálida, triste, pero a la vez esperanzadora. Pensó por dentro que sería un momento irrepetible en su vida, no todos los dias se ve a un héroe, no de tan cerca, no tan deshec
ho, desgastado por el paso del tiempo.
Lo buscaban, él pidió cobijo, escondite, no le podian encontrar. "Pase don Ernesto, como no."
Era una choza, sucia, con olor de podre, pero una choza al fin y al cabo. Él traia una mochila donde guardaba un diario, unas botas atadas y ropa sucia y maloliente. Después de un baño y una sopa caliente, Ernesto se disponia a escribir...era muy callado, quizás no quería contar mucho por si acaso...se sentia protegido, pero a la vez inquieto, ante todo muy educado.
Cayeron las 12, todo estaba en silencio...¿todo?...se empezaron a escuchar pasos...y voces fuera en la calle, alguien dijo "ahi, en esa choza", de pronto unos pasos se acercaron hasta la puerta y de inmediato alguien dijo "abran la puerta"...Ernesto reaccionó cerrando el diario y guardando todo en la bolsa, no sabia que hacer, hubo un chivatazo. Miguel le dio la solución...una ventana trasera "corra por detrás, no mire, usted solo salga y corra" le dijo susurrando. Asi lo hizo, abrió la ventana y saltó lanzando su mochila antes.
De pronto la persona de detrás de la puerta dejo de insistir...Miguel abrió y no había nadie, salió a la callejuela y de repente...un disparo enturbió ese silencio de incertidumbre..."


Escribe un comentario